martes, 28 de abril de 2009

Práctica de CIE 7: Momento más feliz (600 palabras)

A lo largo de mi existencia he tenido muchos momentos de felicidad; sin embargo, hay uno que, en mi opinión, ha marcado un antes y un después en mi vida. Voy a relatar cómo conocí a Sandra Cobo.

Todo sucedió hace tiempo, en una época de la que no guardo un buen recuerdo, una época en la que me sentía tremendamente solo porque apenas salía con nadie. Mis amigos se dedicaban a ir a bares y a discotecas y a mí eso no me gustaba, me aburría mucho. Entonces estaba aislado, en mi casa, con mucho tiempo libre. Lo cierto es que no me arrepiento ya que fue en esa época donde empecé a escribir cuentos y a desarrollar mi creatividad a costa de sumirme en un ostracismo autoimpuesto.

La primera vez que la vi fue en abril; nos presentó una amiga común por Messenger y, desde la primera conversación, sentimos que nos conocíamos desde siempre. Fue una sensación extraña. Bueno, en realidad, al principio pensé que ella era una chica bastante rara, y ella pensó igual de mí. Pronto descubrimos que éramos personas muy parecidas -es decir, frikis- y con los mismos problemas sociales: ella tenía amigas con las que no quería estar, por esta razón salía poco de casa y también se aburría de su rutina diaria. Ambos hablábamos prácticamente a todas horas vía Internet y, lo más raro de todo era que no nos hastiábamos de charlar. Nos pasábamos todo el rato contándonos cosas nuevas. Era un aspecto que me gustaba de ella: no se comportaba como los demás, siempre teníamos algo interesante de qué departir o, si no resultaba interesante, al menos entretenido. No tenía nada que ver con rodearme de mis compañeros del colegio, cuya historia diaria era la borrachera que habían pillado el sábado anterior.

Un día nos aventuramos a quedar en solitario, sin intermediarios, y, aunque al principio hubiese algo de timidez, pronto comenzamos a platicar de nuestra vida íntima y de nuestros problemas en general, además con la total confianza. También conversábamos de cosas intrascendentes como la cultura japonesa que tanto le gusta a ella o sobre mis historias de miedo y ciencia-ficción que tanto me caracterizan. Incluso, sin apenas conocernos, empezamos a hacer planes de futuro como rodar un corto en Noja sobre la corrupción inmobiliaria. De hecho, una vez no hace mucho, tratamos de hacer uno que no salió muy bien; pero eso ya es otra historia.

Durante ese verano no paramos de salir, estábamos todos los días juntos, siempre hablando y contándonos cosas. Nunca, en todo el tiempo que llevaba en este planeta, había conectado tan bien con una persona y eso hizo que pasara de una existencia tediosa, sin apenas nada que hacer, a otra con algo más, alguien con quien podía compartir muchas cosas, entre ellas mis sentimientos. Antes éramos dos personas bastante introvertidas, pero todo eso cambió, aprendimos a relacionarnos con la gente y eso hizo que diéramos un paso más hacia delante.

Si no la hubiese conocido, mi vida sería radicalmente distinta. No logro imaginar lo que hubiera pasado, sería horrible. Me alegro mucho de tenerla a mi lado, es una gran ayuda. Todo el mundo cree que somos novios porque es difícil que estemos un par de días separados; sin embargo, no lo somos. Lo nuestro es amistad, una amistad muy profunda, inalterable con el tiempo. Ya han pasado dos años desde que nos presentaron, pero parece que ha sido una eternidad llena de momentos divertidos y entrañables. Esperemos que siga así mucho tiempo.

viernes, 17 de abril de 2009

Getxoparty

Nuestra querida amiga Iraia creó el término y propuso la idea tiempo atrás. Creó gran expectación afirmando que sería la fiesta del siglo. Pues bien, no lo fue; pero, aun así, nos lo pasamos muy bien. El plan empezó el miércoles 15 de abril de 2009, a las 12 de la mañana. A esa hora, quizá un poco más pronto, me levanté de la cama y tras desayunar con tranquilidad fui a reunirme con Sandra, y luego con Iraia a la estación de autobuses. Allí estuvimos esperando, no mucho tiempo, a Álex y a Ane, su novia. El plan era dejar las maletas en mi casa e ir a visitar Bilbao. El tiempo acompañaba en las primeras horas de la visita, luego fue cambiando poco a poco mientras las negras nubes del horizonte se acercaban para hacernos sacar los paraguas.

Salimos de mi casita y fuimos hacia la ría a través de Indautxu. Pasamos por el parque homónimo y luego llegamos al Parque de los Patos, o de doña Casilda. El recorrido fue marcado prácticamente por el paseo de la ría, ya que es lo más turístico de Bilbao, por no decir lo único turístico de Bilbao. Llegados al Gugenheim decidimos ir directos al HDH para comer algo y para guarecernos de la suave lluvia que caía, pero que se veía que iba a empeorar. Así es Bilbao, por la mañana hace mucho sol, por la tarde jarrea: tormenta, granizo, lo que sea.

Como no podía ser de otra manera, llevamos a nuestros amigos a comer al Hot Dog House, lugar donde llevamos a todos con quien salimos. Nos deberían hacer descuento o algo por la publicidad que le estamos haciendo al local. Qué lástima que estos no probaran las tortitas con sirope de arce... Tras la comida dimos un poco más de vuelta a Bilbao llegando al Casco Viejo y otros sitios de interés para luego volver a mi casa, recoger las cosas y ponerse rumbo a Getxo sobre las seis.
El trayecto en metro fue largo, y más lo fue el camino de la estación a la casa de Iraia; y lo que nos quedaba. Una vez en su casa nos acomodamos y decidimos ir al Artea a comprar provisiones. Iraia nos llevó en su coche y pudimos comprobar que no conducía tan mal. Aun así íbamos todos con los cinturones de seguridad abrochados, por si acaso. En el eroski compramos muchas cosas, pero creo que lo que más sensación causó fue el Malibú, sobre todo a Iraia. Volvimos a Getxo y allí estuvimos casi todo el resto de la tarde jugando a la Wii. El Wii Sports fue divertido: jugamos al tenis, al los bolos, al golf... Lo del golf fue lo más divertido: yo y Álex empatamos en la primera posición, Sandra quedó cerca y, sin embargo, Iraia quedó atrás del todo, muy atrás. Se ve que los deportes no son lo suyo, al menos en la Wii. Se pasó casi toda la noche diciendo “mierda” y maldiciendo a la Wii.
Llegó la hora de cenar y atacamos la tortilla de patata y el bizcocho que había hecho mi madre. Álex preparó unas gulas del eroski que tardaron mil años en descongelarse. Hubo que descongelarlas manualmente porque con el microondas no había manera. De todas formas, le salieron bien y no sobraron muchas. Luego llegó el turno del Malibú con zumo de piña. Iraia ya empezó a ponerse borracha desde el primer sorbo, como en nuestra primera salida. Lo mejor fue su papel de cuidadora de su hermano pequeño, dándole alcohol. Como babysitter no tiene precio. Luego fuimos al cuarto a ver el GRAN VÍDEO DE NUESTROS MEJORES MOMENTOS. A ver si puedo subirlo. Y, tras verlo, estuvimos una o dos horas viendo vídeos graciosos en Youtube, eso sí, a un volumen ínfimo para no llamar la atención a los vecinos que, según Iraia borracha, estaban golpeando con una escoba al techo. Iraia borracha empezó a decir que lo pusiésemos todo bajito (yo apenas oía los vídeos) y así se convirtió todo en una FIESTA DE LOS SUSURROS. Lo raro es que Iraia borracha hablaba más alto que los vídeos y hacía mucho ruido; se pasó un tiempo largo hablando de que “en ocasiones veía y oía vecinos”, y luego sobre Asier, su novio imaginario. La fiesta de los susurros acabó con todos durmiendo. Yo y Sandra en el salón, en un colchón; Álex y Ane arriba, justo debajo de un tragaluz; e Iraia, en su cuarto.
A la mañana siguiente hacía un día radiante, muy soleado, y decidimos salir al exterior para visitar Getxo. Anduvimos tanto que daba la sensación de que Getxo era grande. Iraia nos guiaba exlicándonos con todo lujo de detalles que era cada cosa. Estuvimos en la playa y en el puerto deportivo, viendo yates y barquitos. Tanta caminata nos abrió el apetito y volvimos para la hora de comer, es decir, para las cuatro más o menos. Y, una vez allí, estuvimos una hora jugando al Mario Kart y al Smash Bros en la Wii así que no comimos hasta más tarde. Después de comer tocó recoger las cosas y volver a Bilbao, no sin antes ver el famoso molino del que Iraia hablaba en una de sus prácticas de CIE. Allí dejamos en el autobús a Álex y a Ane y luego nos despedimos de Iraia. Yo dejé en casa a Sandra y, cuando llegé a la mía, caí rendido en el sofá. Aunque Iraia no nos dejaba hacer mucho ruido porque había vecinos, nos lo pasamos bastante bien. Fue una aventura divertida, y más con Iraia borracha, que dice muchas tonterías. Llevabamos bastante tiempo queriendo volver a verla en ese estado, y no decepcionó a sus fans.

martes, 14 de abril de 2009

Los mejores momentos en la fCom (1º semestre)

Este curradísmo video que me he currado (dos veces currao) es una recopilación de fotos de estos cinco meses que llevamos en la Universidad de Navarra. ¡Disfrutadlo!

www.Tu.tv

AVISO: la contraseña para ver el vídeo es "caca".

Un abrazo a todos, no sería lo mismo sin vosotros (sería mejor xD)

Lista de canciones:

Sarabande - Heandel; You really got me - The Kinks; Hush - Deep Purple; The passenger - Iggy Pop; Walk of life - Dire Straits; Ruby - Kaiser Chiefs; Sweet Louisiana Sound - Billy Pilgrim

viernes, 10 de abril de 2009

Práctica de CIE 6: Descripción de una escena (600 palabras)

La puerta de cristal se abrió de repente provocando que un viento frío recorriese el restaurante. La corriente hizo que se cayera un menú de una de las mesas. El ocupado camarero, apodado Patoso por su condición humana, lo recogió del suelo y lo puso en su sitio. La negra carta no tenía nada de especial, era una simple lista de hamburguesas y de perritos calientes.

No es que fuese un local muy grande, apenas había sillas para quince comensales sin contar con los taburetes de la barra. Tenía una curiosa forma de L: en uno de sus extremos estaba la entrada y, en el otro, el carrito de las salsas. Y es que estas salsas eran lo que le daba el toque especial al lugar. Un buen restaurante debe distinguirse de los demás, destacar por algo; éste resaltaba por su gran variedad de salsas.

Sus paredes eran de un color amarillo claro, atravesadas por varias cenefas de madera azul. La barra se componía de adornos metálicos que le daban un aspecto brillante y moderno, aunque los mencionados taburetes parecían de los años setenta. Tras la barra se amontonaban de manera ordenada docenas de botellas de distintas bebidas. Pero lo más moderno del local, sin lugar a dudas, era la televisión de plasma que colgaba sobre la puerta del baño.

El camarero patoso estaba preparando las mesas para los próximos clientes, mientras Ed, el jefe, limpiaba la barra y le daba el aspecto más lujoso posible. Era un hombre simpático que te atendía entre bromas y chistes; incluso, para hacer la gracia, tenía colgado en la entrada del local un diploma que certificaba su doctorado en perritos calientes. Doctorado o no, sabía muchos trucos culinarios. Por ejemplo, si querías, te explicaba cómo conseguir distintos sabores combinando las diferentes salsas. Su barba de color castaño le daba la apariencia de una persona más mayor de lo que era.

Un travieso vaso trató de desafiar las leyes de la gravedad impuestas por Einstein y acabó fracturado en mil pedazos. La culpa había sido de Patoso, donde, una vez más, ponía de manifiesto su cualidad más característica. “¡Ya van tres vasos en lo que va de día!”, le regañaba Ed, disgustado. El pobre chaval se quedó inmóvil, con la cabeza gacha. Después de que el jefe le echase la bronca fue tras la barra a coger una escoba para recoger el desastre que había armado.
De la cocina salió la cocinera, una chica de unos treinta años que, por sus pintas, parecía que iba a empezar a rapear sobre una de las mesas. Eso sería posible si no estuviese embarazada. Era una versión adulta de Juno. Se movía con lentitud entre las mesas y con poco esfuerzo se subió a uno de los taburetes. De allí cogió un bolígrafo y se puso a hacer crucigramas. Era evidente que aún no habían tenido clientes ya que su delantal estaba impoluto.

Ed cogió los grandes manteles de papel color granate y los fue colocando en sendas mesas. Por las paredes del restaurante se podían ver varios cuadros que mostraban, en distintas épocas, fotografías o carteles relacionados con el ámbito de la comida rápida. La verdad, aquél era un lugar de comida rápida, pero no podías irte de él con celeridad, al menos no sin probar sus sabrosas tortitas con el exquisito sirope de arce por encima.

Los primeros clientes llegaron, quizá atraídos por el dulce olor del sirope. Se acercaron a la barra dispuestos a disfrutar con estos camareros y, sobre todo, de la comida que iban a recibir. Bon appétit.

viernes, 27 de marzo de 2009

Práctica de CIE 5: Descripción de una calle (600 palabras)

Cuando salí del colegio en dirección a mi casa por la avenida Pío XII, me esperaba una tarde tranquila y soleada. Me acababan de dar una de esas charlas de orientación universitaria en la hora de tutoría y empecé a plantearme qué estudios quería cursar después del bachillerato y cómo afectarían éstos a mi futuro.

Vi ante mí el Hexágono, la facultad donde impartían las carreras de ciencias de la Universidad de Navarra. Esta construcción, de ladrillos marrones y grandes dimensiones, presentaba una extraña forma hexagonal y estaba situado frente a la Clínica Universitaria, justo al lado del campus. Dejé que mi imaginación volara y me llevara junto a los cientos de alumnos que diariamente recorrían sus aulas, cargados de libros y de utensilios de laboratorio. Bajo el pintoresco edificio se situaba un amplio aparcamiento que daba cabida a los coches de los numerosos estudiantes y profesores que se desplazaban hasta ahí todos los días.

Muchos alumnos de esta facultad decidían residir en el Colegio Mayor Larraona, ya que se encontraba a pocos metros calle arriba. Su color beis reflejaba la luz del sol, lo cual le otorgaba un aspecto brillante. Las ventanas de su pared frontal miraban al patio, donde se emplazaba el campo de fútbol. Por su pared lateral trepaban varias hiedras que se entrelazaban y escalaban por el muro, dándole un aspecto salvaje.

Los alumnos del Hexágono aplicaban sus conocimientos en la Clínica Universitaria, situada al lado. Se trataba de un edificio de color blanco, amplio y espacioso, que tenía alrededor de siete pisos y muchas ventanas añiles, desde las cuales podía vislumbrarse parte de la calle. En la planta baja se encontraba la cafetería, donde el personal del hospital comía y descansaba. No pude evitar plantearme la opción de ser médico y trabajar allí. Al fin y al cabo, estaba estudiando el bachillerato biosanitario y tampoco era una profesión desdeñable.

Crucé aquel tímido semáforo que todos los días ralentizaba mi marcha (lo llamo tímido porque cada vez que me acercaba se ponía rojo) y continué a lo largo de la avenida de camino a mi casa. Un poco más adelante, como es habitual en Pamplona, me topé con una farmacia. El intermitente destello verde que emitía el cartel de la entrada parecía transmitirme señales del futuro. Por un segundo vi mi destino ahí. Quizá, tras acabar mis estudios, podría ejercer de farmacéutico. Me impresionó su enorme cristalera y su luz interior, que se reflejaba en el predominante color blanco de la estancia. Aun así, toda esa fuerza se perdía por el antro que había al lado, cuya negra fachada estaba llena de pintadas y suciedad en general.


Antes de llegar a mi casa me encontré con el famoso Parque de la Ciudadela. Éste vendría a ser como el Central Park de Nueva York, aunque ligeramente más pequeño. De hecho, era la zona verde más amplia de Pamplona y muchos deportistas acudían a este lugar a correr y entrenarse. En el centro se encontraba la Ciudadela propiamente dicha, construida entre los siglos XVI y XVII como fortaleza militar. Su forma de estrella de cinco puntas hacía de esta fortificación renacentista un monumento singular y uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Vi a la gente mayor paseando, conversando y jugando a la petanca. Así imaginaba yo mi senectud.

Tras este largo recorrido, en el que había vislumbrado mi futura vida universitaria, mi vida profesional y mi vejez, llegué a mi hogar, lo que podría considerar el cielo, mi paraíso. Podría darle un sentido más literal diciendo que cuando llegué estaba muerto: lo único que quería era tumbarme en mi cama y descansar eternamente.

lunes, 23 de marzo de 2009

Práctica de CIE 4 (La práctica de Álex)

SOLO EN LA OSCURIDAD

A primera vista, Andoni no llama la atención. De hecho, es algo que rehúye, pues prefiere pasar desapercibido que centrar las miradas de la gente, especialmente si se trata de personas con las que no tiene confianza. Es por eso que hay que conocerlo más a fondo para poder saber quién se oculta detrás de esa timidez de la que se reviste. Por supuesto, cinco meses no son suficientes para desentrañar cada aspecto de su ser, pero me daré por satisfecho si logro que se sienta identificado con este escrito.

Nació hace ya 19 años en Bilbao, en donde ha residido hasta que inició en septiembre la carrera de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra. Aquí, en Pamplona, está a gusto, ni más ni menos. Vive en una residencia, en una habitación pequeña, pero suficiente, con las comodidades necesarias. ¿Echará algo en falta? Nada material, parece, pero algo lo moverá a volver a su ciudad natal cada fin de semana.

Ahí es donde se encuentra con su mejor amiga, Sandra, con quien lo comparte todo. Estoy seguro de que ella sería capaz de retratar la personalidad de Andoni con mucha más precisión, puesto que es, con toda probabilidad, la única persona que realmente ha ahondado en su intimidad. Y es que, por muy irónico que parezca, lo que desde un principio llama la atención sobre Andoni es que es una persona reservada.

Su barba característica no es otra cosa que una forma de ocultar su rostro; se siente desprotegido, casi desnudo, si se afeita. No es muy dado a charlar con gente que apenas conoce ni se siente cómodo en lugares multitudinarios, de hecho se podría decir que las aglomeraciones son su principal enemigo. Eso sí, una vez se entabla amistad con él, no tiene problema para charlar largo y tendido sobre cualquier tema, por comprometido que éste sea, sin caer en el egocentrismo, pues Andoni se caracteriza por su humildad.

En la misma línea, puedo afirmar con total firmeza que es la persona más sencilla que conozco, en el buen sentido, por supuesto. En un mundo en el que las apariencias parecen adueñarse del día a día de todos, máxime a estas edades, Andoni es como es, simple y llanamente. Habla de forma natural, escribe de forma natural… actúa de forma natural. Una forma de ser tan sincera que me causa admiración y que todo el que le conoce, de eso estoy seguro, le agradece, pues no hay nada más reconfortarte que saber que tu amigo no tiene nada que esconder.

Por supuesto, físicamente no incurre en contradicciones. Tiene el pelo negro y corto, no es ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco y viste con colores poco llamativos. Tanto es así que, al darse cuenta de que era fácilmente reconocible por el color naranja de su abrigo, se compró uno de color negro, relegando el anterior a días especialmente lluviosos. No quiere decir, ni mucho menos, que Andoni acostumbre a gastar dinero en ropa. No le importa, como no debería importarle a nadie, que alguien pueda pensar mal de él por no tener siete abrigos y once pares de pantalones, lo cual subraya su carácter.

En otro orden de cosas, no es descabellado decir que es todo un friki. De hecho, es algo obligado, que lo define y de lo que se siente orgulloso. Pese a su connotación peyorativa, es mi intención emplear la palabra (tal y como él lo hace) para recalcar que es diferente, original y, por qué no decirlo, un tanto payaso. Tal vez hasta ahora haya dado la impresión de que es muy serio y formal. Nada más lejos. Algunos dicen que la confianza da asco, pero a mí me da risa… mucha risa. De otra forma, no habría descubierto lo simpático y divertido que es, entre chistes, anécdotas y caras extrañas.

No es de extrañar, pues, su afición por lo paranormal, a saber: ufología, criptozoología, historias sobre conspiraciones, parapsicología… Si a esto le añadimos su amor por la paleontología, desde que era un niño, sólo se puede concluir que Andoni se siente decepcionado con el aburrido mundo en el que le ha tocado vivir.

Por supuesto, una naturaleza tan aburrida es sólo sustituible por una imaginación desbordante. No en vano ha escrito hasta seis novelas que combinan las aventuras y la ciencia-ficción con tintes de humor. Además, aspira a hacerse un hueco en el mundo del cine, bien como guionista o como director, en donde le auguro un futuro de lo más gratificante. Estoy seguro de que su frescura y su capacidad creativa harán de él todo un pionero.

Por ahora, está inmerso en la redacción de un blog autobiográfico en donde descarga su vertiente literaria y cuyo nombre, Alone in the dark, no es sino una metáfora de cuál es su estado natural: tener un espacio de soledad en el que sumirse, viajar a su estrambótico mundo interior.
En conclusión, podría decir que Andoni incurre en una curiosa paradoja: parece perfectamente normal pero, una vez se lo conoce, aflora ese mundo. Un mundo que, desde la más tierna inocencia, transmite toda la alegría e ilusión que hacen de él una persona tan singular. Es tan excepcional que me apena el solo hecho de que lo sea, pues si más gente tuviera su forma de ver las cosas, su forma de percibirse a uno mismo, no me cabe la menor duda de que habría menos lágrimas y más sonrisas. Nunca le he visto triste, ni he estado triste en su compañía. Será por eso que creo firmemente que se pueden aprender muchas cosas de él. Yo lo he hecho.
¿Acaso no derrocha simpatía?

Práctica de CIE 4: Descripción de un compañero (1.000 palabras)

El informe Álex

Me dejaron el informe sobre la mesa. Lo miré con displicencia y lo abrí. Dentro pude ver una foto del sujeto, su nombre era Alejandro García Garaizar. Llevaba varios años investigándole, tratando de conocer todo sobre su vida; el gobierno me pagaba muy bien.

El sujeto en cuestión residía en una ciudad costera llamada San Sebastián. Fue ahí donde pasó sus primeros dieciocho años de vida. En 2008 decidió cambiar su residencia a Pamplona, donde iba a cursar sus estudios. De entre todas las licenciaturas que ofrecía la Universidad de Navarra, eligió la carrera de Periodismo. Álex era una persona capaz de sacar buenas notas con sólo leerse los apuntes una vez. Podría haber escogido cualquier otra carrera con más salidas profesionales como Medicina, Farmacia…, ya que había optado por ciencias en Bachillerato. Le encantaba todo lo relacionado con la investigación médica-científica, la ecología y el medio ambiente en general. Por eso prefirió ese Bachillerato. La pregunta que surge ahora es: ¿por qué eligió Periodismo? Por una sencilla razón: era lo que él más deseaba. Su gran afición desde niño había sido escribir de forma creativa, tarea que llevaba a cabo con gran empeño y dedicación. También era un apasionado de la fotografía y la asignatura en la que más brillantemente destacó fue en la de Fotoperiodismo.

Aunque pasó cuatro años alejado de su ciudad natal, nunca perdió el contacto con sus familiares, amigos y, sobre todo, con su novia. Ni siquiera en sus innumerables viajes alrededor del mundo. Y es que esta persona recorrió el globo de cabo a rabo. Estuvo en Estados Unidos, Inglaterra, Bélgica, Italia, Austria, Hungría, Noruega, Turquía, Egipto, Túnez, Kenia, Cuba, Costa Rica, Bali, Bora-Bora, Argentina, Nueva Zelanda, Australia, Jordania y, por si no fuera poco, Irán, donde trabajaba uno de sus hermanos. Se ve que no perdió este espíritu viajero, ya que en tercer curso se fue a estudiar a Inglaterra todo el año. Se formó en un colegio británico, así que hablaba el inglés con mucha fluidez. También trató de aprender chino, de hecho sabía algo, pero lo tuvo que dejar porque no podía compaginar todos sus estudios.

Según los archivos fotográficos, Alejandro García se distinguía por su delgadez y por su alta estatura: un metro ochenta y cinco aproximadamente. De todos modos, no llamaba mucho la atención ni por su forma de vestir ni por su forma de comportarse. Tenía los ojos de color verde y su pelo fue adquiriendo un tono castaño a lo largo de su juventud. Su cabello liso casi nunca fue peinado ni cortado con mucha frecuencia. Su alargada cara reflejaba una fresca simpatía y una grata tranquilidad. No tenía unos gustos concretos en lo que a cine y literatura se refiere, sólo pedía que la historia lo atrapara y le hiciera seguir con ella. Tampoco su estilo musical era muy definido: iba desde la canción más cañera, sin caer en el ruido cerdo (véase chunta o reggaetón), hasta baladas de todo tipo.

En el informe aparecían unas viejas entrevistas que realicé a algunos de sus amigos y compañeros. El primero fue un tal Andoni: “Sí, era un buen tipo, muy sociable y agradable, se llevaba bien con todo el mundo. Me impresionaba su confianza en sí mismo; además, sus gracias hacían que nos riésemos mucho entre clase y clase. Nunca tuve una desavenencia con él, nos parecíamos en muchos aspectos. Poseía un fondo freak, como yo, y eso pude comprobarlo claramente leyendo sus cuentos cortos y sus letras de canciones. ¡Ah! No sé si lo he dicho, formaba parte de un grupo de música. Neuron Strike creo que se llamaba, ya no lo recuerdo, pero lo cierto era que le gustaba mucho ese arte. Tocaba el saxofón y la batería. Siempre me decía que tocar la batería es una terapia ideal para desfogarse. Creo que le comprendo, aporrear algo con fuerza debe desahogar de lo lindo. De todas maneras, no quería hacer de la música su profesión, a él le interesaba más escribir. Nunca llegué a ir a uno de sus conciertos en directo, una lástima. Podría comentar algunos de sus defectos, por ejemplo, como él mismo confesaba, la falta de fuerza de voluntad era su archienemigo, lo dejaba todo para luego. De hecho, varios de sus proyectos quedaron inacabados: véase el blog, el telescopio que le regaló su hermano o el escaneo que iba a realizar de las fotos de su infancia.”

También hablé con una chica llamada Iraia que me dijo cosas interesantes sobre él: “La verdad es que empezamos nuestra relación con mal pie, aunque luego nos hicimos amigos. Eso sí, se metía conmigo casi todo el tiempo, me hacía rabiar.” Santi fue otro de sus compañeros que me ayudó a tener una visión más profunda de esta persona: “Al principio parecía algo tímido, pero cogimos confianza rápido. Lo que más me llamó la atención de él es que era ateo. Estuve cuatro años tratando de conducirlo por la senda del cristianismo pero no cambió de parecer; basándome en esto podría destacar su determinación. Debo añadir también su perfeccionismo. Estuvo casi un año entero para empezar a escribir su blog porque no terminaba de encontrar el estilo ideal que quería darle. En cualquier caso, lo dejó enseguida.” Por último, Marta añadió un par de datos adicionales: “Le faltaba un hervor, todo hay que decirlo. De todas formas, era una persona en la que se podía confiar, siempre estaba ahí cuando necesitabas que te echaran una mano.”

Todos sus amigos le daban por muerto. Supongo que al llevar seis años desaparecido la gente pierde la esperanza. Sin embargo, yo sabía que él no estaba muerto, había sido desactivado, no era el verdadero Álex. Podría decirse que simplemente era un clon. Me habían contratado para seguirle de cerca, comprobar si su comportamiento y carácter se correspondían con el verdadero. El experimento fracasó, y es que la identidad no es genética, se crea en el ambiente, son tus vivencias, y éstas son irrepetibles en cada persona.

Sandra visita Pamplona

18 de marzo de 2009. Miércoles. Yo estaba indeciso ya que el jueves había fiesta pero el viernes había clase. Resulta que, al final, nos quitaron dos horas del viernes así que dije: “Me tomo un puente” Resulta que ese miércoles venía Sandra de visita a Pamplona, a pasar el día y a que le enseñara mi mundo. Iraia y yo compramos los buenísimos bocadillos de tortilla de la cafetería de la facultad y fuimos a su encuentro. Al llegar a la estación la vimos y la recibimos con gran alegría y entusiasmo. Rápidamente fuimos a un banco del Parque de la Ciudadela a devorar tan exquisito bocado y luego le enseñé mi facultad y el resto del campus.

Luego hice a ambas recorrernos todo Pío XII mientras yo sacaba fotos para la práctica de CIE 5. Aunque quedamos exaustos, pude enseñarle un montón de cosas guays como el Hexágono, el CIMA, mi Colegio Mayor (aunque ya lo había visto), el Parque de la Taconera... Fue divertido tenerla porai, se hizo raro. Luego les presenté a Javi y a Kike y estuvimos tomando algo en un bar antes de volver a la estación. Una vez en el bus pusimos rumbo a Bilbao, nuestro querido hogar.

La Prueba - Jorge Luis Borges

Del otro lado de la puerta un hombre
deja caer su corrupción. En vano
elevará esta noche una plegaria
a su curioso dios, que es tres, dos, uno,
y se dirá que es inmortal. Ahora
oye la profecía de su muerte
y sabe que es un animal sentado.
Eres, hermano, ese hombre. Agradezcamos
los vermes y el olvido.

El otro día nos pusieron a analizar este poema en clase de literatura. ¿Qué diríais que significa? ¿Qué quiere decir el autor con todo esto? ¿Quizás hable de alguien que se arrepiente de su vida corrupta?
Nuestro querido amigo y compañero Santi levantó la mano para dar su opinión. Dijo: “No sé como decir esto de una manera delicada pero... ¿puede ser un tío cagando?
Toda la clase estalló en una sonora carcajada, pero ¿sabeís que fue lo más gracioso? Esa era la respuesta correcta.

lunes, 16 de marzo de 2009

Práctica de CIE 3: Descripción de una fruta (500 palabras)

Todo sucedió hace tiempo, cuando el doctor me recomendó que tomara más fruta; afirmó que mi salud lo agradecería. Me despidió de su consulta con la frase: “Recuerda, muchacho: tres piezas de fruta al día del médico te salvarían”. Desde ese instante me hice amigo de la manzana. Todos los días comía dos o tres, sin importar la hora. Cuando me apetecía, cogía una de la cocina y la engullía con placer. Pero lo más significativo era que me estaba cuidando, ya que la manzana es un alimento muy sano. Facilita la digestión y produce secreciones salivales y ácido úrico. También posee propiedades laxantes y beneficia a los riñones y a la vejiga.

La manzana es una de las frutas más cultivadas en el mundo. Muchos países la producen: China, Estados Unidos, Francia, Italia... Con ella se puede hacer compota de manzana, zumo de manzana, sidra o tarta. Tiene una gran ventaja respecto a otras frutas, a excepción de los cítricos, y es que conserva durante mucho tiempo su valor nutritivo.

Agarré una de estas deliciosas frutas y me la llevé a mi cuarto para comérmela justo después de acabar los deberes. La observé y me quedé embelesado con su piel verde y brillante. No era una manzana normal, lo noté desde el primer momento. A diferencia de las otras, ésta carecía por completo de macas e imperfecciones. Tenía forma de pomo globoso con dos surcos, uno en la parte inferior y otro en la superior. De éste último salía una pequeña ramita, que era por donde colgaba del árbol. La miré, y ella me devolvió la mirada. Aparté la vista, asustado. Hice como si nada hubiese pasado y continué con mi tarea.

Mientras acababa mis deberes me llegó el aroma de la manzana. Su olor poseía un poder relajante y atrayente. Me dieron ganas de dejar todo lo que estaba haciendo y morderla para poder sentir su sabor dulce, y a la vez ácido, y notar su suave textura crujiente en mis labios. Quería percibir sus nutrientes, vitaminas y antioxidantes recorriendo mi cuerpo, los cuales ayudan a controlar el peso y regulan el organismo. El doctor me dijo que las propiedades de esta fruta son más eficaces que muchos de los medicamentos que hay actualmente en el mercado.

Procuraba no mirarla pero sabía que ella me observaba. Vi de reojo cómo movía su rabito intentando llamar mi atención. Éste era de un color marrón claro, delgado, y oscilaba como si tratase de palpar algo. Todo estaba en mi cabeza… ¿O no? Era esa maldita fruta, me iba a volver loco. Era una manzana fría, calculadora, se creía que podía jugar conmigo. No lo conseguiría, no me dejaría atraer por su brillante piel, por su gama de vivos colores ni por su increíble aroma dulce. ¡Dios! (nunca mejor dicho), entonces supe lo que sentían Adán y Eva; este fruto era una tentación procedente del Paraíso.

Decidí no ceder y me fui a la cama con la esperanza de que a la mañana siguiente se hubiese ido y me dejara en paz. Cuando desperté, la manzana aún seguía ahí.