martes, 10 de noviembre de 2009

Trailer: Mario Kart, the movie

sábado, 7 de noviembre de 2009

EPIC FAIL en unos almacenes

viernes, 6 de noviembre de 2009

El canguro tocapelotas



De regalo la parodia de Rocky Balboa.


Y la parodia de Mario Kart.

El PAC-MAN en la vida real

En este vídeo de Remi Gaillard se muestra cómo sería un pac-man en un supermercado. Muy interesante.


Y de regalo otro vídeo bastante gracioso titulado "Best of elevator", que son básicamente hacer tonterías en un ascensor. La parte de los sumos es cojonuda xD



Relato - Desdoblados

**Se trata del relato anterior, "Dos por uno", pero con cambios bastante gordos**

Ana se encontraba tirada en el suelo del cuarto de baño con la espalda apoyada en la puerta. Su marido gritaba al otro lado. Podía oír cómo Jorge destrozaba el salón sólo porque no le gustaban los garbanzos del supermercado nuevo. Ana sollozaba mientras se frotaba los brazos, sabía que le saldrían moratones. Se quedó en aquella posición hasta que un incómodo mutismo invadió toda la casa. Mientras Bobby, el perrito de la pareja, un yorkshire, le lamía la mano; siempre lo hacía cuando Jorge se cabreaba y ella estaba triste. El perrito se separó de la chica y empezó a arañar la puerta, eso indicaba que era el momento de salir. Ana empezó a moverse con lentitud, temblaba. “Carlos, ayúdame”, murmuraba para sí. Se levantó de aquel suelo embaldosado tan frío y quitó el pestillo. No pasó nada. Ana suspiró.
En el cuarto de estar la televisión aún estaba encendida. Teletienda, habían pasado un par de horas desde la hora de cenar. Restos de la cena estaban esparcidos por el sofá y la moqueta. Había restos incluso manchas de garbanzos en el techo. Caminó descalza por la sala con dirección al dormitorio. Allí Jorge dormía. Ana no encendió la luz. Fue a donde él, le dio un beso en la mejilla y se acostó a su lado.

–Sabes que no puedes seguir toda la vida así, ¿verdad? –dijo Sandra.
Ana y su mejor amiga tomaban un café en la cafetería del hospital donde trabajaban.
–Ojalá todo fuera tan sencillo. Soy feliz con él..., bueno...
–Pero no todo el rato. ¿Sigues robando esas pastillas sin receta para él?
–Las necesita para sus dolores de cabeza. No quiero que sufra.
–¿Eso tiene que ver con su enfermedad? –Sandra sabía que estaba haciendo una pregunta delicada.
–Es largo de explicar. Sufrió abusos de pequeño –explicaba con melancolía–. Apenas lo recuerda, pero le afectan. En el fondo es buena persona.
–¿Buena persona? Puede que Carlos sea buena persona, pero Jorge...
–Sé que Carlos no va a estar siempre para ayudarme –se lamentó Ana, cabizbaja.
–¿Has pensado en algún tratamiento? ¿Llevarle a una clínica para personas...? Ya sabes.
–¡¿Un manicomio?! –exclamó Ana molesta.
–Mejor que una cárcel, ¿no crees? Si sigue así de violento, ahí es donde va a acabar. Y puede que antes te haga algo malo. He hablando con Marta, ella sabe, es especialista. Dice que vayamos a verla cuando queramos.
–Tú tienes un problema parecido, Sandra. Con Marta. ¿Debemos meterte a un psiquiátrico?
–No, porque yo no maltrato a nadie. Sólo... hago locuras, juego.
–Gastas mucho dinero en las tragaperras.
–Ella –corrigió–. Marta, ella es la culpable. El problema lo tienes tú en casa, no yo.
Ana permaneció callada mirando el poso del café.
–Y lo sabes, Ana.

Ana se puso un camisón mientras las palomitas se calentaban en el microondas. Cuando éste pitó, sacó el paquete y lo echó en un bol. Se quemó los dedos, pero sonrió y se los chupó para aliviar el dolor. Con el bol en la mano, fue a su habitación.
–Ven rápido –le instó Carlos desde la cama–. Te vas a perder el inicio de la película.
Ana fue rauda y se tiró a la cama junto a él. En ese momento, Carlos le cogió un puñado de palomitas del bol y ambos sonrieron. Bobby correteaba contento por la habitación con la lengua fuera. La chica se quedó mirándolo; le gustaba cuando hacía eso, porque significaba que Carlos estaba feliz. Ella también.
–¿Ha aparecido ya el cameo de Hitchcock? –preguntó Ana.
–No. ¡Justo! Ahí está, subiéndose al tren –dijo entusiasmado señalando a la pantalla.
Los dos rieron mientras un par de palomitas saltaban fuera del bol.
–Oye... –empezó a decir Ana–. Tenemos que hablar.
–¿De tu marido? –El rostro de Carlos se volvió más serio.
–Puede que me casara con él, pero tú también eres mi marido.
Carlos rió, aunque sabía que en el fondo era cierto.
–¿Has pensado ya una solución?
–Es difícil. No podemos huir de él, eso es seguro. Quizá tenga que acostumbrarme. No tengo otra opción si quiero estar contigo.
–No hagas eso –dijo Carlos seriamente–. No quiero que te siga pegando por mí. ¿Qué tienes pensado?
–Nada...
–¡Anda! Venga, dime.
Ana tardó un poco en contestar, no tenía ni idea de cómo expresarlo para que no sonara tan desagradable.
–Sandra me habló de una terapia psiquiátrica que podría ayudar a Jorge. Si dejase de ser tan violento quizá todo esto podría solucionarse.
–Pensé en esa opción como último recurso, pero creo que podría funcionar –afirmó Carlos suspirando.
–Tengo dudas. Muchas. –Varias lágrimas brotaban de sus ojos de la chica.
–Saldrá bien, no te preocupes. Tú no le comentes nada. Será la solución a nuestros problemas: él dejará de hacerte daño y tú y yo podremos estar juntos.
Carlos abrazó a la chica con ternura. Las palomitas y la película ya no importaban. Bobby subió a la cama y se acurrucó junto a ellos.

El metro llegó a la estación y Ana se dirigió al vagón. Sandra se quedó en el andén con Bobby mientras este ladraba a Ana.
–No sé qué hacer con este perro –dijo la chica–. Últimamente, siempre me ladra.
–Da igual –contestó Sandra–. Tú date prisa.
Ana se metió en el vagón y lo recorrió entero pasando entre la gente. Justo antes de que las puertas se cerrasen salió.
–¿Qué tienes?
Ana sacó una cartera. La abrió y las dos vieron muchos billetes de distintos colores.
–Creo que con esto tenemos suficiente.
–Qué ganas. –Sandra reía de emoción.
–Y que lo digas, pero como siempre, lo guardo yo –dijo Ana escondiendo la cartera en el bolso–. Que ya te conozco y sé que te lo gastas todo.
–Vale, vale. Ahora vayámonos, tienes que deshacerte de alguien –sonrió maliciosamente.

Ana freía unas patatas fritas con cara de preocupación. Si Jorge, por alguna razón, no sabía cuál, se enteraba de que ella y Carlos estaban tramando para meterle en una clínica mental, la mataría. Aunque si no lo metía en la clínica pronto, el final sería el mismo.
Jorge salió del dormitorio y fue directamente a la cocina.
–He encontrado una palomita en el suelo. ¿Cuántas veces te he dicho que no comas en mi cuarto?
Ana sintió un escalofrío y la sartén tembló. Bobby, que paseaba por la cocina, también pareció ponerse nervioso y se fue de la estancia.
–Espero que la comida de hoy sea buena. Me voy a trabajar.
–¿A trabajar? –preguntó Ana.
–Sí, lo que tú no haces.
–Pero... te despidieron hace un mes. ¿Recuerdas?
Jorge no dijo nada, simplemente la abofeteó. Ana cayó al suelo de la cocina y comenzó a llorar.
–¡Has conseguido ponerme dolor de cabeza! –gritó Jorge–. ¿Dónde están mis pastillas?
–¡Tranquilízate! –contestó Ana desde el suelo–. Yo te las traigo.
Jorge le propinó una patada. Luego se agachó y rodeó su cuello con sus manazas. La levantó mientras apretaba con fuerza. Ana se ahogaba, trataba de zafarse, pero sin éxito.
–Sé que estás ahí, Carlos –decía como podía la chica–. Escúchame.
–No hay ningún Carlos –Jorge cada vez apretaba con más fuerza.
Ana miró a su alrededor. Lo primero que vio fue la sartén de patatas fritas. Agarró el mango con fuerza y susurró: “Perdóname, Carlos”. En ese momento le echó el aceite hirviendo a la cara. Eso no le detendría mucho tiempo, así que fue a donde él y le asestó un sartenazo en la cabeza.
Jorge quedó tendido inmóvil en el suelo mientras Ana cogía aire. Fue gateando a donde él. No estaba muerto. Lo abrazó. El perrito se acercó y lamió la mano de la chica, el peligro había pasado.

–Su caso es... complicado –dijo Marta, la médico de la institución psiquiátrica–. Es como juzgar de asesinato a un siamés. El trastorno de identidad disociativo es muy poco usual.
–Yo lo amo. A los dos –se corrigió Ana–. Pero me gustaría que Jorge no saliese. O, al menos, que no... ya sabe –Se miró los moratones. Bobby la acompañaba, estaba triste.
–Aún no sabemos cómo funciona la mente humana, no podemos superponer una personalidad sobre otra. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle.
Ana se quedó mirando la ventanita de la puerta. Su marido estaba encerrado en una habitación acolchada.
–Hizo bien en llamarnos –dijo Marta poniéndole una mano en el hombro.
La chica se acercó a la ventanita del cuarto. Carlos, desde el interior, hizo lo mismo. La cara de Ana se entristecía por momentos, podía ver la cara de Carlos, sonriendo, aunque deformada por las quemaduras de aceite. El perrito arañaba la puerta y empezó a ladrar.
–¿Cómo te encuentras? –preguntó la doctora.
–¿Sandra? –reconoció su tono de voz.
–Sí. ¿Qué te ha dicho Marta? –preguntó.
–No mucho, que está majara.
–Genial. ¿Has traído todo el dinero?
–Lo tengo en el coche.
Las dos se dieron un beso apasionado.
–Ahora tenemos todo el tiempo para nosotras –dijo Ana con alegría.
–Vamos a comprar los billetes, quiero largarme ya de esta ciudad. Pero antes me apetece pasar por el casino.
Carlos veía la escena desde su habitación acolchada. No entendía nada, se había quedado con los ojos como platos, no podía parar de contemplar la escena de las dos chicas alejándose por el pasillo cogidas de la mano. Bobby aún seguía raspando la puerta con sus uñas. Se detuvo. Lo único que soltó fue: ¡Miau!

Relato - Dos por uno

Ana se encontraba tirada en el suelo del cuarto de baño con la espalda apoyada en la puerta. Su marido gritaba al otro lado. Podía oír cómo Jorge destrozaba el salón sólo porque no le gustaban los garbanzos del supermercado nuevo. Ana sollozaba mientras se frotaba los brazos, sabía que le saldrían moratones. Se quedó en aquella posición hasta que un incómodo mutismo invadió toda la casa. Era el momento de salir. “Carlos, ayúdame”, murmuraba para sí. Ana empezó a moverse con lentitud, temblaba. Se levantó de aquel suelo embaldosado tan frío y quitó el pestillo. No pasó nada. Ana suspiró.
En el cuarto de estar la televisión aún estaba encendida. Teletienda, habían pasado un par de horas desde la hora de cenar. Restos de lo que antes había sido la cena estaban esparcidos por el sofá y la moqueta. Había restos incluso en el techo. Caminó descalza por la sala con dirección al dormitorio. Allí Jorge dormía. Ana no encendió la luz. Fue a donde él, le dio un beso en la mejilla y se acostó a su lado.

–Sabes que no puedes seguir toda la vida así, ¿verdad? –dijo Sandra.
Ana y su mejor amiga tomaban un café en la cafetería del hospital donde trabajaban.
–Ojalá todo fuera tan sencillo. Soy feliz con él..., bueno...
–Pero no todo el rato. ¿Sigues robando esas pastillas sin receta para él?
–Las necesita para sus dolores de cabeza. No quiero que sufra.
–¿Eso tiene que ver con su enfermedad? –Sandra sabía que estaba haciendo una pregunta delicada.
–Es largo de explicar. Sufrió abusos de pequeño –explicaba con melancolía–. Apenas lo recuerda, pero le afectan. En el fondo es buena persona.
–¿Buena persona? Puede que Carlos sea buena persona, pero Jorge...
–Sé que Carlos no va a estar siempre para ayudarme –se lamentó Ana, cabizbaja.
–¿Has pensado en algún tratamiento? ¿Llevarle a una clínica para personas...? Ya sabes.
–¡¿Un manicomio?! –exclamó Ana molesta.
–Mejor que una cárcel, ¿no crees? Si sigue así de violento, ahí es donde va a acabar. Y puede que antes te haga algo malo.
Ana permaneció callada mirando el poso del café.
–Y lo sabes, Ana.

Ana se puso un camisón mientras las palomitas se calentaban en el microondas. Cuando éste pitó, sacó el paquete y lo echó en un bol. Se quemó los dedos, pero sonrió y se los chupó para aliviar el dolor. Con el bol en la mano fue a su habitación.
–Ven rápido –le instó Carlos desde la cama–. Te vas a perder el inicio de la película.
Ana fue rauda y se tiró a la cama junto a él. En ese momento, Carlos le cogió un puñado de palomitas del bol y ambos sonrieron.
–¿Ha aparecido ya el cameo de Hitchcock? –preguntó Ana.
–No. ¡Justo! Ahí está, subiéndose al tren –dijo entusiasmado señalando a la pantalla.
Los dos rieron mientras un par de palomitas saltaban fuera del bol.
–Oye... –empezó a decir Ana–. Tenemos que hablar.
–¿De tu marido? –El rostro de Carlos se volvió más serio.
–Puede que me casara con él, pero tú también eres mi marido.
Carlos rió, aunque sabía que en el fondo era cierto.
–¿Has pensado ya una solución?
–Es difícil. No podemos huir de él, eso es seguro. Quizá tenga que acostumbrarme. No tengo otra opción si quiero estar contigo.
–No hagas eso –dijo Carlos seriamente–. No quiero que te siga pegando por mí. ¿Qué tienes pensado?
–Nada...
–¡Anda! Venga, dime.
Ana tardó un poco en contestar, no tenía ni idea de como expresarlo para que no sonara tan desagradable.
–Sandra me habló de una terapia psiquiátrica que podría ayudar a Jorge. Si dejase de ser tan violento quizá todo esto podría solucionarse.
–Pensé en esa opción como último recurso, pero creo que podría funcionar –afirmó Carlos suspirando.
–Tengo dudas. Muchas –Varias lágrimas brotaban de sus ojos de la chica.
–Saldrá bien, no te preocupes. Tú no le comentes nada. Será la solución a nuestros problemas: él dejará de hacerte daño y tú y yo podremos estar juntos.
Carlos abrazó a la chica con ternura. Las palomitas y la película ya no importaban.

Ana freía unas patatas fritas con cara de preocupación. Si Jorge, por alguna razón, no sabía cuál, se enteraba de que ella y Carlos estaban tramando para meterle en una clínica mental, la mataría sin lugar a dudas. Aunque si no lo metía en la clínica pronto, el final sería el mismo.
Jorge salió del dormitorio y fue directamente a la cocina.
–He encontrado una palomita en el suelo. ¿Cuántas veces te he dicho que no comas en mi cuarto?
Ana sintió un escalofrío y la sartén tembló.
–Espero que la comida de hoy sea buena. Me voy a trabajar.
–¿A trabajar? –preguntó Ana.
–Sí, lo que tú no haces.
–Pero... te despidieron hace un mes. ¿Recuerdas?
Jorge no dijo nada, simplemente la abofeteó. Ana cayó al suelo de la cocina y comenzó a llorar.
–¡Has conseguido ponerme dolor de cabeza! –gritó Jorge–. ¿Dónde están mis pastillas?
–¡Tranquilízate! –contestó Ana desde el suelo–. Yo te las traigo.
Jorge le propinó una patada. Luego se agachó y rodeó su cuello con sus manazas. La levantó mientras apretaba con fuerza. Ana se ahogaba, trataba de zafarse pero sin éxito.
–Sé que estás ahí, Carlos –decía como podía la chica–. Escúchame.
–No hay ningún Carlos –Jorge cada vez apretaba con más fuerza.
Ana miró a su alrededor. Lo primero que vio fue la sartén de patatas fritas. Agarró el mango con fuerza y susurró: “Perdóname, Carlos”. En ese momento le echó todo el agua hirviendo a la cara. Eso no le detendría mucho tiempo, así que fue a donde él y le asestó un sartenazo en la cabeza.
Jorge quedó tendido inmóvil en el suelo mientras Ana cogía aire. Fue gateando a donde él. No estaba muerto. Lo abrazó.

–Su caso es... complicado –dijo el médico de la institución psiquiátrica–. Es como juzgar de asesinato a un siamés. El trastorno de identidad disociativo es muy poco usual.
–Yo lo amo. A los dos –se corrigió Ana–. Pero me gustaría que Jorge no saliese. O, al menos, que no... ya sabe –Se miró los moratones.
–Aún no sabemos cómo funciona la mente humana, no podemos superponer una personalidad sobre otra. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para ayudarle.
Ana se quedó mirando la ventanita de la puerta. Su marido estaba encerrado en una habitación acolchada.
–Hizo bien en llamarnos –dijo el médico antes de irse.
La chica se acercó a la ventanita del cuarto. Carlos, desde el interior, hizo lo mismo. La cara de Ana se entristecía por momentos, podía ver la cara de Carlos, sonriendo, aunque deformada por las quemaduras de aceite.

domingo, 1 de noviembre de 2009

¿Cómo cuidar de un bebé?

Cartel explicativo de qué hacer y qué no hacer para mantener sanito a tu bebé y para que no sufra daños xD.
(Pincha la imagen para agrandarla)

Más anécdotas curiosas

Pincha la imagen para agrandar.

Curiosidades algo freaks

¿Sabías que…

…la palabra Google proviene de googol, que en matemáticas se usa para referirse al número 1 seguido de 100 ceros?

…es físicamente imposible que te chupes el codo? De verdad de la buena.

…el nombre R2-D2 fue casual y significa “Rollo Dos, Diálogo Dos”? Alguien pidió esa secuencia durante el rodaje de “American Graffiti“ (1973) y para George Lucas aquella frase no pasó desapercibida y la tuvo en cuenta para el proyecto de “Star Wars“.

…SPAM es la marca comercial de un preparado enlatado de carne de cerdo molida? El uso en la jerga informática proviene de un sketch de los Monty Python: dos personajes entran a un restaurante que sirve SPAM en todos los platos… la palabrita se repite más de cien veces!

…QWERTY es el nombre que se le da a la disposición de las letras en los teclados de las máquinas de escribir y computadoras y que ésta proviene de las 6 primeras letras del renglón superior? (los números no cuentan)

…el nombre del pingüino mascota de Linux, Tux, proviene de la palabra tuxedo que es lo que aquí conocemos como traje de pingüino (también como smoking) ?

…el abrigo de Neo no es de cuero? En realidad está hecho de un tejido vegetal especial para que al darle el viento se mueva de determinada forma. Si es que las piensan todas.

…el 85% de las personas que han leído este post han intentado en algún momento lamerse el codo?

…Alien es el noveno pasajero en realidad? Olvidaron contar al gato.

...la Palabra "F U C K" proviene de una placa que la gente colgaba en la puerta mientras estaban manteniendo una relacion sexual. El cartel decia "Fornication Under Consent of the King" que significa obiamente "Fornicando bajo consentimiento del rey ... porque debian pedirle permiso al rey para tener relacion sexual y por ende criar un hijo.

...la expresion "OK" proviene de la guerra , cuando las tropas regresaban sin tener ninguna baja , ponian en una pizarra "0 killed"(cero muertos) ahi nacio "0.K.", para decir que todo esta bien.

...la Mantis religiosa no puede copular mientras tenga su cabeza, es por eso que la hembra le arranca la cabeza para poder reproducirse.

...a los 9 años Albert Einstein no hablaba fluidamente, esto hizo que sus padres pensaran que era retrasado.

...una noche de 1923 en una amplia zona de Japon miles de perros aullaron durante horas, sin ningun motivo aparente. Al dia siguiente 1 de septiembre murieron 142.807 japoneses en uno de los terremotos mas terribles de la historia.

...si el gobierno de los Estados Unidos no tuviera conocimiento de la existencia de Extraterrestres, entonces porque tienen una Zona llamada Seccion 14?? Y en su Codigo de Regulaciones Federales tiene el articulo 1211 implementado el 16 de julio de 1969, donde indica que es ilegal para los ciudadanos norteamericanos tener contacto con los Extraterrestres y sus Naves.

Bro Code, el código de los colegas

El 4 de julio de 1776 se redacta el documento más importante en la historia del mundo moderno. En él se reconocen por primera vez ciertos derechos y obligaciones que ayudarán a la convivencia entre los hombres: el “Bro Code“, traducido como “Código de los Colegas“.

Paralelamente a este, y con el motivo de ocultar la existencia del primero, se redacta otro documento más tarde conocido como “Declaración de Independencia de los EEUU”. La firma que falta en este segundo documento es la del maestro que orquestó tan magnífica mascarada, Barnabás Stinson.

Código Colegas Bro Code

Artículo 2:

Un Bro siempre tiene derecho a hacer algo estúpido, siempre y cuando el resto de sus Bros estén haciéndolo.

Artículo 3:

Si un Bro se compra un perro, éste al menos debe llegarle por la rodilla cuando haya terminado de crecer.

Artículo 5:

Le gusten o no los deportes, a un Bro le gustan los deportes.

Artículo 6:

Un Bro no debe ponerse a hacer el tonto si tiene que desnudarse delante de otros Bros en el vestuario de un gimnasio.

Artículo 8:

Un Bro nunca jamás envía una tarjeta de felicitación a otro Bro.

Artículo 9:

Si un Bro pierde alguna parte de su cuerpo por accidente o enfermedad, sus compañeros Bros no harán chistes malos como “¡Choca esos tres!” o “Vaya, realmente te has tenido que dejar las pelotas para dejar el trabajo.” Todavía serán esos cinco y ese Bro todavía tendrá pelotas de sobra… metafóricamente hablando, claro.

Artículo 10:

Un Bro dejará todo lo que esté haciendo y correrá a ayudar a su Bro a deshacerse de una chica.

Artículo 11:

Un Bro puede pedir ayuda a su(s) Bro(s) para mudarse, pero sólo después de revelarles su estimación real de tiempo empleado y del número de muebles de gran tamaño. Si el Bro ha subestimado enormemente esto, sus Bros tienen el derecho de dejar sus posesiones donde estén -en la mayoría de los casos, atascadas en la entrada.

Artículo 12:

Los Bros no comparten el postre.

Artículo 14:

Si una chica pregunta por la vida sexual de otro Bro, un Bro debe hacer honor al Bródigo de Silencio y hacerse el tonto. Es mejor que las mujeres piensen que todos los hombres son estúpidos que decir la verdad.

Artículo 15:

Un Bro nunca baila con las manos por encima de la cabeza.

Artículo 19:

Un Bro no debe dormir con la hermana de otro Bro. Sin embargo, un Bro no debe enfadarse si otro Bro dice, “¡Tío, tu hermana está tremenda!”.

Artículo 23:

Haciendo zapping mientras ve la tele con sus Bros, un Bro tiene prohibido pasar de largo un programa en el que salgan tetas. Esto incluye, pero no está limitado a: programas de fitness, atletismo femenino, y en ocasiones, programas de cirugía.

Artículo 24:

Cuando lleve una gorra de béisbol, un Bro solo podrá poner la visera apuntando a las 12 o a las 6 en punto. El resto de ángulos están reservados para los raperos y los disminuidos psíquicos.

Artículo 26:

A no ser que tenga hijos, un Bro no llevará su teléfono móvil enganchado en el cinturón.

Artículo 27:

Un Bro nunca se quita su camisa delante de otros Bros, a no ser que esté en la piscina o en la playa.

Artículo 28:

Un Bro alertará, sin demora, a su Bro de la existencia de una pelea de chicas.

Artículo 30:

Un Bro no compara precios cuando va a la compra.

Artículo 32:

Un Bro no deja que otro Bro se case hasta que tenga al menos treinta.

Artículo 33:

En un baño público, un Bro (1) mira hacia adelante cuando use el urinario; (2) hace el comentario obligatorio, “¿Qué es esto, un baño de tías?” si hay más de dos tíos esperando para mear; y (3) intenta tirar sus toallas de papel usadas a la papelera como una pelota de baloncesto… el rebote es opcional.